Renovarse de pies a cabeza
Filed Under (Comunicación, General, Innovación) by Lluís on 25-10-2007
Renovarse o morir, dicen. Esa frase que a veces se dice como si nada pero que muy pocos se atreven a hacérsela suya.
Y es que cambiar resulta muy difícil. El hombre es conservador por naturaleza. Conservador en el sentido de querer mantener cierto equilibrio entre las cosas. Querer que, si algo funciona, funcione siempre. Que si algo se ha hecho siempre de una misma forma y ha resultado eficaz, así deberá seguir hasta el fin de los tiempos.
Cualquier alteración al orden que tenemos en nuestro mundo nos causará temor y nos hará plantear a nosotros mismos si lo que hacemos debe hacerse y si debe hacerse de la manera que se hace.
Aquí es donde reside el conflicto. Los cambios nos hacen enfrentar a nosotros mismos. Y la verdad es que nadie quiere ser su propio enemigo.
Pero este ejercicio de reflexión es algo que debería ser el pan de cada día.
Acotemos el tema en ámbitos más cercanos a la comunicación, a la tecnología y a la forma de canalizar las necesidades de la gente hacia soluciones a medida. Que es de lo que va todo esto.
Cuando nosotros hablamos de renovar, si pensamos en clave tecnológica, fácilmente nos vienen a la cabeza los nuevos modelos de pantallas y proyectores, ordenadores más potentes, más pequeños, más bar atos. Renovamos sólo las piezas.
Cuando hablamos de renovarse en clave de comunicación, podremos usar distintas herramientas a nuestro alcance, más sofisticadas que nunca, que nos permitirán hacer más rápido y mejor lo que antes era un calvario.
Una vez más, las piezas.
En el tablero de ajedrez que tenemos delante, no debemos cambiar tan sólo las piezas para ganar la partida. Debemos renovar nuestra estrategia para conseguir el jaque mate. Nuestro rival nos lo pondrá muy difícil.
Es por eso que, a veces, hay que hacer el cambio en el interior. En nuestras cabezas.
Intentemos ejemplificarlo con algo más cercano, más cotidiano tal vez.
Todos sabemos que la industria discográfica está en crisis.
Y todos creemos que es por culpa de la piratería.
O eso es lo que nos hacen creer.
Porqué en realidad cual es el problema aquí? Dónde está el conflicto?
En que punto no encajan las cosas?
Cuando se intenta jugar con unas piezas nuevas y relucientes, frente un contrincante muy exigente y con una estrategia de hace más de medio siglo.
Una vez más, se renuevan sólo las piezas.
Miremos de cerca las piezas. Hoy en día tenemos herramientas que nos permiten acceder a la información de una manera que nunca antes se había podido. Gracias a internet estamos en contacto permanente con todo nuestro mundo, las veinticuatro horas del día y prácticamente desde cualquier lugar. Además, los nuevos gadgets se han convertido ya en extensiones de nosotros mismos, como diría McLuhan. Y no sólo en extensiones en cuanto a herramientas, sino que son en muchos casos, reflejos de nuestra personalidad. Queremos tener el control de nuestro mundo simplemente porqué podemos tenerlo. Tenemos las herramientas y el conocimiento para hacerlo. Podemos escuchar nuestra música favorita cuando nosotros queremos. Nuestra canción favorita está a sólo un clic. Nunca antes ha sido tan fácil encontrar y compartir. Comunidades enteras se gestan a diario con un sólo objetivo: formar parte de algo. Eso nos da identidad. Nos da el control de nuestro mundo.
Miremos ahora la estrategia. Internet nos hace saber que hay centenares de miles de usuarios interesados por algo que nosotros poseemos. No queremos regalarlo, pues es nuestro negocio. Hasta ahora siempre nos ha ido bien: hemos creado la necesidad, hemos envuelto el producto, le hemos puesto un lazo y una etiqueta con un precio y la gente ha pagado para tener esto que sólo le ofrecemos nosotros. Ahora sentimos que, literalmente, nos roban. La gente ya no compra estos paquetes enlazados y etiquetados. ¿Para qué? Los puede conseguir gratis por internet, con cualquier programa de intercambio de archivos p2p, o en la calle, en el bar mientras toman una copa con los amigos. Nosotros sólo podemos mirarlo desde los estantes y escaparates de las tiendas… con recelo. Entonces, empezamos una caza de brujas y perseguimos a quiénes venden nuestros bienes por la calle, denunciamos el software que permite descargar nuestros productos y gastamos más dinero en proteger aquello que es nuestro.
Perdemos el foco. La clave no es luchar contra la piratería. Las películas nos demuestran que los piratas están ahí desde el principio de los tiempos. Es inevitable. Es la respuesta desesperada que surge cuando hay un vacío. Llenando de nuevo el vacío, los piratas se irán solos. Porqué en realidad no son nuestros enemigos. Porqué nuestros enemigos somos nosotros mismos.
Debemos darnos cuenta que somos servidores de un consumidor. Y llegar a éste consumidor es nuestro objetivo. En el momento que éste pierde el interés por nosotros, no es por culpa de la piratería, sino debido a que aquello que le ofrecemos ya no se ajusta a sus necesidades.
La mayoría de consumidores de música ya no quiere pagar los 18 euros de media que vale un CD. Aún así, quiere pagar por ello. Entiende y defiende los derechos de autor y propiedad. Simplemente percibe que algo no encaja. Y lo último que quiere el consumidor es sentirte estafado o engañado. Cada vez es más exigente. Porqué pagar por algo que no puede comprarlo y tenerlo cuando quiere, algo que depende de encontrarlo físicamente en una tienda, hacer colas, desplazarse. Quiere tenerlo ya, y a poder ser de la manera más rápida y fácil. Y ¿porqué? Porqué puede. Existen las fichas nuevas que lo permiten. Quiere que aquello por lo que pague hable el mismo lenguaje que sus herramientas, que no tenga que convertir nada. Quiere pagar por lo que realmente usará. Lo demás no lo quiere y no le interesa.
La renovación aquí consiste en detectar el nuevo enfoque del consumidor. Consiste en conocer sus herramientas. Consiste en aceptar que debemos cambiar.
Ejemplos de esta renovación hay muchos. Gracias a Dios.
Aquellos que han dejado de lamentarse por la crisis y han buscado una solución.
Aquellos que han sabido adaptarse, que han sido listos y han usado sus nuevas piezas, relucientes, para idear una nueva jugada, arriesgada tal vez.
Aquellos que han tratado al consumidor con honestidad y con total transparencia.
Cuando todo esto se cumple, el consumidor responde.
Es por eso que no es de extrañar que la tienda on-line de iTunes sea la número uno en ventas en todo el mundo. Responde a todas las necesidades que el consumidor de hoy en día exige. Puedes consultar un catálogo que cada día crece más, escuchar lo que quieres antes de comprarlo, leer los comentarios de los demás usuarios, dar tu propia opinión, compartir tus propias selecciones, y finalmente, descargar aquello que realmente quieres, directo a tu biblioteca musical, listo para ser escuchado y para ser transferido a tu gadget musical preferido. Todos ganan.
Es por eso que, cada vez más, grupos que antaño eran líderes de recaudación vendiendo CDs por todo el mundo, siguen siéndolo sin vender ahora un sólo ejemplar. El caso de Radiohead, que ha sacado su nuevo trabajo directamente en formato digital, listo para ser descargado desde su página web. Puedes elegir la canción que quieres comprar, habiéndola escuchado antes. Simplemente pagas y te lo bajas. Y como he dicho, el consumidor corresponde: en una semana casi 1.2 millones de descargas, 10 millones de dólares recaudados, han superado en ventas la suma de sus 3 anteriores discos, con un promedio de 8 dólares por cada descarga. Y todo esto sin contar con una discográfica y sin gastar una fortuna en márketing tradicional y sistemas anti-pirateria.
¿Quién dijo crisis?
No son más que ejemplos de lo que en resumen consiste enfrentarse a los cambios.
Evolucionar, saber adaptarse.
Cada uno que se lo aplique a su propio mundo.
Lluís Domingo

